Se trata de una novela bastante corta, pero no por ello menos intensa. Edith Wharton vuelve a presentarnos un triángulo amoroso como en La edad de la inocencia, pero en un entorno rural y de clases modestas. Es palpable, como en aquélla, la pasión contenida, el ambiente opresivo y el agobio que siente el protagonista, de nuevo un hombre atrapado en un matrimonio sin amor que encuentra en otra mujer lo que siempre deseó. En este caso también es una pariente de la esposa, pero no piensen que la autora se repite, ni mucho menos. La historia aquí es más sencilla y se cuenta a modo de flash-back. De hecho, a Ethan Frome lo conocemos como un tipo tullido y prematuramente envejecido a causa de lo que todo el mundo llama "el accidente", pero ¿qué ocurrió realmente?
He visto la versión que se hizo para el cine, dirigida por John Madden y protagonizada por Liam Neeson, Patricia Arquette y Joan Allen, un reparto muy bien escogido para mi gusto. La adaptación es correcta (quitando algunas licencias), pero recomiendo vivamente la novela, puesto que refleja mucho mejor el deseo del protagonista.
Esta novela fue un regalo sorpresa del maravilloso foro Historias de Época, así que siempre le tendré un cariño especial.
El argumento es sencillo: Michael Henchard, jornalero, vende a su mujer y a su hija de pocos meses por cinco guineas en el transcurso de una de sus borracheras. Tras darse cuenta de lo que ha hecho, promete no beber en los próximos veinte años, logrando convertirse en una persona honrada. Pero la vida le depara varias sorpresas que vendrán con el regreso de la que fuera su mujer.
No había leído nada de Thomas Hardy, ni tampoco he visto ninguna versión de Tess of the D'Ubervilles, pero parece ser que este autor deja poco a la alegría. Bueno, sí que he visto una adaptación de Under the Greenwood Tree y al menos termina bien. Lo que más me ha llamado la atención es que el autor va directamente al grano, es decir, no se anda con rodeos a la hora de presentarnos a Michael Henchard como un tipo alcohólico capaz de cometer la aberración de vender a su familia. Después la novela se va desinflando un poco hasta que reaparecen Susan y Elizabeth-Jane, esposa e hija respectivamente. A ellas se une Donald Farfrae, personaje que viene a ser el opuesto de Henchard, y Lucetta, alguien que tiene una cierta relación con el protagonista y que será determinante para la novela.
En el libro podemos establecer dos tipos de personajes, los que esconden algún secreto (Henchard, Susan y Lucetta) y las víctimas de esos secretos (Farfrae y Elizabeth-Jane). Misterio tiene poco, porque el autor va dejando las cosas bastante claras a lo largo de la novela. Es más una obra de personajes, de su evolución, o mejor, de su destino, sobre todo el de Henchard, que parece condenado a pagar finalmente lo que hizo cuando tenía veintiún años.
Existen varias adaptaciones. Tengo pendiente tanto la miniserie de 2003, protagonizada por Ciaran Hinds, como una versión más libre de Michael Winterbottom titulada The Claim. Cuando las vea, editaré la entrada.
EDITO: ya he visto la versión con Ciaran Hinds. Excelente adaptación, sí señor, con unos protagonistas que bordan sus papeles. Y he llorado al final. Me ha gustado mucho.
Atónita me he quedado después de leer en un periquete la delirante novela que Stella Gibbons (1902-1989) escribiera en 1932 bajo el título Cold Comfort Farm y que en España se tradujo como La hija de Robert Poste. Varias veces he tenido que ir a la contraportada y verificar que se escribió en 1932 pues en un pasaje se dice que estamos en los años cuarenta y en otro los personajes hablan por un teléfono ¡con televisor!. Aunque eso es lo de menos, pues no vayan ustedes a pensarse que ésta es una novela de ciencia ficción.
La historia cuenta cómo una chica bien de Londres, Flora Poste, que acaba de quedarse huérfana, decide irse con unos parientes suyos que tienen una granja en Sussex. Allí, como el personaje de Emma de Jane Austen, Flora se empeña en darle otro aire a la peculiar Cold Comfort Farm así como arreglarle la vida a sus extravagantes y rurales habitantes. Aunque la traducción al español de esta edición de 2010 es buena, con notas a pié incluidas, lo mejor debe ser leerla en inglés para captar todos los giros y el habla rural de Sussex. Los nombres citados tienen siempre su porqué, así los primos de Flora se llaman "Starkadder", que se podría traducir como "malas víboras". Delirante la frase que se repite en la historia como un mantra "siempre ha habido Starkadder en Cold Comfort", que no deja de ser una forma de reírse de la sabiduría rural/popular. Todo queda aderezado de buena ironía con momentos en los que el absurdo no tiene límites e incluso hasta el mismísimo final es, a mi parecer, una gran boutade.
La novela es un contrapunto al pesimismo rural de Thomas Hardy y al romanticismo extremo de Mary Webb, de los que con tan buen y fino humor se ríe la autora. Y es que, muchos de los personajes son auténticas y logradas sátiras, como el escritor Meyerbug, que sería un libidinoso y pesado D.H. Lawrence, el primo Seth, un desatado Heathcliff o la prima Elfine, una Cathy muy "brontiana". Ese fino humor inglés de tradición "austiana" que tanto me gusta, ha hecho que haya disfrutado mucho con la historia.
No se pierdan los pasajes entre asteriscos que, como bien explica la autora en su prólogo dedicado al caballero Anthony Pookworthy (A.B.S., L.L.R. o Miembro de la Asociación de Pesebreros, Autorizado para el Endilgamiento de Circunloquios Soporíferos), son los que ella considera "más elegantes y literarios". Un disparate.
Me he permitido incluir aquí el trailler de la película para la televisión de la BBC (1995) en la que se hizo famosa la actriz Kate Beckinsale. Tiene muy buena pinta.
Acabo de terminar la novela más célebre de la escritora Elizabeth Gaskell (1810-1865), que no es otra que Cranford (1853), una historia que narra la tranquila vida de unas solteronas en una pequeña ciudad inglesa de época victoriana. Es curioso constatar que este libro se gestó de forma algo inusitada. Los dos primeros capítulos se publicaron en el otoño de 1851 en el Household Words, periódico literario dirigido por el gran Dickens y, de hecho, podrían leerse de forma independiente. Por cierto, que en ellos dos de los personajes discuten precisamente si Dickens es o no un buen novelista. A partir de estas dos entregas Gaskell escribió la novela que terminó dos años después.
La pequeña ciudad de Cranford es un trasunto de Knutsford, lugar donde se crió la escritora inglesa con sus tíos tras la muerte de su madre cuando ella acababa de cumplir un añito. La novela esté muy cercana a sus vivencias dado que la narradora de la historia, que podría ser ella misma, es un personaje que presuponemos más joven y que va contando las anécdotas domésticas de unas señoras de edad. No es una historia romántica (o puede que sí, si tenemos en cuenta que salen a la luz algunas historias del pasado) y a pesar de que no suceden grandes cosas, se nos presenta un excelente cuadro de costumbres y se nos describe magníficamente bien la situación de la mujer en aquellos momentos en los que la sociedad comenzaba ya a desestructurarse. La protagonista principal es, sin duda, la bondadosa señorita Mathilda Jenkins, que ejemplifica muy bien la situación de aquellas mujeres solteras que vivían de sus rentas, con un estilo de vida modesto y ya entonces algo caduco. Gaskell hace gala de sus grandes dotes como narradora, así como de ese fino sentido del humor tan británico y que tan presente está en las novelas de su predecesora, la gran Jane Austen.
Tras terminar la novela he visto en Youtube que existe una serie de la BBC (creo que Athena nos la comentó con anterioridad) pero me da la sensación de que, tal y como ocurre con la película que se rodó sobre otra de las novelas de Gaskell, Norte y Sur, probablemente se haya escrito una interpretación libre basada en la historia original.
Tercera entrega de la serie sobre Ana de las Tejas Verdes que abarca cuatro años de su vida. Ana deja su trabajo como maestra para licenciarse en la universidad. Allí compartirá casa con antiguas amigas, a las que se unirá otra un tanto alocada, pero inteligente. Ana, ante la perspectiva de que todas sus conocidas se van prometiendo y casando, piensa que se quedará soltera porque no encuentra lo que ella denomina "un Príncipe Encantado". Gilbert Blythe decide declararse, pero no es para ella el "ideal", ni lo quiere como cree que debe quererse a ese ser especial que espera. En el horizonte aparece precisamente un joven que parece cumplir todos los requisitos...
Aquí seguimos con las aventuras de Ana Shirley... y es que el entorno en el que me encuentro invitan a ello. Es lo que tiene estar en Nueva Inglaterra; aunque no es Canadá ni la Isla de Príncipe Eduardo, sí que permite imaginarse los paisajes que se describen en estos libros.
Segunda entrega de las aventuras de Anne Shirley. En esta ocasión conocemos sus aventuras desde los dieciséis a los dieciocho años. Empieza como maestra y termina en el momento en el que decide ir a la universidad. Todavía sigue siendo una niña en el fondo, imaginativa y romántica, pero poco a poco va madurando, sobre todo al final, cuando vea que su amiga Diana está comprometida. Ana se lamenta de que la gente crezca y no desea, por ejemplo, que Gilberth Blythe sea algo más que un amigo de la infancia, negando en cierto modo sus propios sentimientos hacia él. Historias sencillas son las que recorren este librito, recordándome un poco a la miniserie Cranford (estoy a la espera del libro, que ya comentaré cuando lo lea).
Lo que más me ha gustado ha sido cuando empieza como maestra. Me he sentido identificada con sus inseguridades, sensaciones y relaciones con los alumnos. Ha sido bastante curioso comprobar que hay cosas que nunca cambian.
Oí en su momento hablar tanto de la saga Dollanganger de V.C. Andrews, que decidí empezar a leerla. Ahora bien: no sé si tengo ganas de continuarla. La primera entrega es la archiconocida Flores en el ático, un disparate donde los haya. Y me explico: está bastante mal escrita y no me vale la excusa de que los protagonistas son niños. La narradora es Cathy, que tiene doce años cuando su padre muere. Corrine, su madre y una pava de mucho cuidado adorada por sus cuatro hijos y su marido, es una inútil que no ve otra salida a su ruina que la de volver a la mansión de sus riquísimos padres. Su padre está muy enfermo y a punto de morir, pero ella fue desheredada por hacer algo muy malo a los ojos de sus progenitores: casarse con el medio hermano de su padre, es decir, con su tío. Corrine sólo heredará si el padre no se entera de que tuvo hijos con su marido, hijos "del demonio", de manera que ella y la abuela los encierran en una habitación que da a un ático para que nadie sepa de su existencia. Lo que iban a ser unas semanas de encierro se traducen en más de tres años, durante los cuales muere uno de los niños, mientras la madre vive en un mundo de lujo que parece haberla cegado y haberla hecho olvidar a sus propios hijos.
En un ambiente absolutamente enrarecido se desarrolla esta historia en la que, al final, hay que darle la razón a la loca de la abuela. Ésta, obsesionada con la religión y el pecado, prohibe a los hermanos (Christopher, Cathy y los mellizos Carrie y Cory) que se vean desnudos o que duerman juntos siendo de distinto sexo. Y sus temores no son infundados porque Christopher se enamora de su hermana Cathy. El incesto impregna bastante la novela y llega a ser algo demasiado morboso. Esto continúa en la siguiente novela de la saga, Pétalos al viento, que he dejado porque ya me estaba empezando a dar repelús el personaje de Cathy.
La película que se hizo en su momento no refleja para nada lo del incesto y, además, mezcla esta novela con la siguiente. Un lío, vamos.